¿Es el DCL una solución precisa para la captación de futuros casos de demencia?

Introducción El interés por conocer los cambios cognitivos durante el envejecimiento es un hecho que se remonta a los años sesenta del pasado siglo. Kral (1962), haciendo referencia a la memoria, señalaba que existían dos formas de envejecimiento, con diferencias en su manifestación (Olvido Senescente Benigno y Maligno, respectivamente) y pronóstico. Desde aquel momento llegarían sucesivos intentos por discernir, desde un punto de vista cognitivo, las manifestaciones patológicas y no patológicas del envejecimiento. Por ejemplo, siguiendo con la memoria como función cognitiva predilecta, le siguieron conceptos como Deterioro de la Memoria Asociado a la Edad (Crook et al., 1986), Deterioro de la Memoria Consistente con la Edad (Blackford y La Rue, 1989) u Olvido de la Senectud o de la Vejez (Derousesne et al., 1994). En los años noventa se da un cambio. Se amplía el foco de atención a otros aspectos cognitivos más allá de la memoria. De esta forma, aparece el concepto Deterioro Cognitivo Asociado a la Edad (Levy, 1994), término apoyado internacionalmente tanto por la Asociación Internacional de Psicogeriatría como por la Organización Mundial de la Salud. En 1998, la Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE) incorpora el concepto de Pérdida Cognitiva Leve y en 2005 el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales añade el Trastorno Neurocognoscitivo Leve. En la última versión del DSM (DSM-5, 2013) existen dos categorías diagnósticas: Trastorno Neurocognitivo Mayor y Menor, respectivamente. A excepción del Olvido Senescente Maligno y del Trastorno Neurocognitivo Mayor y Menor, el resto de categorías señaladas pertenecen a cuadros de deterioro cognitivo menor. Estos cuadros son representaciones del envejecimiento cognitivo normal. Además, entre las dos condiciones...

Síntomas Neuropsiquiátricos y Deterioro Cognitivo (II): relaciones clínico-topográficas

En una entrada anterior traté de exponer con qué frecuencia se dan los síntomas neuropsiquiátricos [SNP, en adelante] en las demencias. Por ejemplo, Lyketsos et al. (2002), señalan que más del 80% de las personas con demencia sufrirán al menos una alteración neuropsiquiátrica desde el inicio de la alteración cognitiva. Un punto de vista complementario al anterior es conocer cuándo es más probable que se den unos SNP y no otros en el contexto de la Enfermedad de Alzheimer [EA, en adelante] (hago referencia a la EA porque, como es habitual, es la demencia más estudiada). Por ejemplo, la depresión es un SNP que puede darse incluso antes del diagnóstico de la EA o puede ocurrir de forma concurrente una vez realizado el diagnóstico. La apatía, otro SNP muy frecuente, puede ocurrir en fases previas a la EA, como en el Deterioro Cognitivo Ligero [DCL, en adelante] (Guercio et al., 2015), teniendo valor pronóstico. Por otra parte existen algunos SNP que no pueden darse en determinadas fases de la EA. Por ejemplo, las ideas delirantes no pueden ocurrir en etapas tardías de la patología, pues es necesario cierto nivel de funcionamiento cognitivo aunque ya sea deficitario (atención, visopercepción y funcionamiento mnésico). Parece, por tanto, que los SNP son frecuentes, pero no todos ocurren en el mismo momento dentro del contexto DCL-EA. Por lo señalado hasta ahora, conocer los SNP pasa por analizar algunos puntos: Cuánto se dan (prevalencia), cuándo se dan y por qué. Estas dos últimas preguntas podrían estar estrechamente relacionadas. Dónde y qué está pasando en el cerebro de estas personas y por qué para que se...

¿Prevención del deterioro cognitivo?

Antes de iniciar las vacaciones de verano, os dejo el enlace a un artículo publicado en la revista Zona Hospitalaria nº 58-4. Existe una gran preocupación por el deterioro cognitivo y la posibilidad de desarrollar en el futuro una demencia como la Enfermedad de Alzheimer. En este artículo trato de informar sobre la posibilidad real de prevenir el deterioro cognitivo, qué podemos hacer para lograrlo y también cuándo. Como veréis, algunos aspectos tienen impacto incluso antes del nacimiento, otros durante la infancia, etc.  Todas la fases del ciclo vital tienen importancia para la prevención del deterioro cognitivo. Espero que sea de vuestro interés. Pinchad aquí. ¡Os deseo unas buenas vacaciones!...

Síntomas Neuropsiquiátricos y Enfermedad de Alzheimer (I): Prevalencia.

La mayoría de las personas al preguntarles por cuáles son los síntomas de la Enfermedad de Alzheimer [en adelante, EA] nos dirían, con bastante probabilidad, problemas de memoria y, en menor medida, problemas de lenguaje y de orientación. Estas personas estarían en lo cierto. Los síntomas cognitivos más habituales de la EA son aquellos relacionados con la memoria y el lenguaje, entre otros. En esta nueva entrada voy a hacer referencia a una sintomatología que sin ser tan prototípica como los problemas de memoria, no es por ello menos importante y, sin lugar a dudas, puede causar un importante impacto en la calidad de vida de la persona con EA y su entorno. Esta sintomatología hace referencia a las manifestaciones neuropsiquiátricas. Tal y como se puede observar en la fig. 1, la sintomatología neuropsiquiátrica [en adelante, SNP] hace referencia a todas aquellas manifestaciones psiquiátricas y/o conductuales que afectan a la persona con EA. De acuerdo con Lyketsos et al. (2002), más del 80% de las personas con demencia sufrirán al menos un alteración neuropsiquiátrica desde el inicio de la alteración cognitiva. Diferentes equipos de investigación trabajan para definir qué sub-síndromes tienen mayor prevalencia en la EA, para definir su patogénesis y para mejorar su posterior tratamiento. Desde esta línea se puede señalar el trabajo encabezado por Pauline Aalten y cols. (2007) en el proyecto European Alzheimer Disease Consortium. En dicho proyecto se analizaron las SNP presentadas por 2.354 personas con EA de 12 centros europeos distintos. Los resultados indicaron que existen cuatro sub-síndromes dentro de las SNP: grupo uno, llamado “hiperactividad”, que englobaría alteraciones como la agresividad, la desinhibición,...

Problemas de olfato y futuro deterioro cognitivo.

Hallar medidas precoces es una de las prioridades para aumentar las posibilidades de retrasar o prevenir el inicio del Deterioro Cognitivo Leve o Ligero (DCL). Desde hace algunos años, diversos investigadores han prestado atención al olfato y a si éste podría tener un papel importante en su detección precoz. La hiposmia/anosmia, pérdida del sentido del olfato en diferente grado, se ha relacionado tanto con la Enfermedad de Alzheimer (EA) (Tabert et al., 2005) como con la Enfermedad de Parkinson (Doty, 2012) o con la Demencia por Cuerpos de Lewy (McShane et al., 2001). Parece que la disfunción del olfato es un signo sensible de procesos neurodegenerativos aunque poco específico. Recientemente, el equipo de Petersen ha realizado una investigación publicada en JAMA Neurology, cubriendo algunas limitaciones de investigaciones previas (Sun et al., 2012). Concretamente, esta investigación parte de una muestra de más de mil personas sin problemas cognitivos al inicio del estudio (2004) y que fueron seguidas hasta 2010 con evaluaciones cada 15 meses. Además de evaluar la muestra de la investigación desde un punto de vista neuropsicológico, también se utilizó una prueba para medir el funcionamiento olfativo –Brief Smell Identification Test (B-SIT) (Dotty, Marcus & Lee, 1996)– consistente en seis olores basados en comida (plátano, e.g.) y seis olores basados en no comida (humo, e.g.). El examinado debe elegir entre cuatro opciones de respuesta. Mejores puntuaciones reflejan mejor funcionamiento olfativo y viceversa. En el estudio en cuestión (Roberts et al., 2015), de los participantes finales tras pérdida de participantes por fallecimiento o abandono del estudio, 250 casos desarrollaron DCL a los tres años y medio de iniciarse el estudio...

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