Hallar medidas precoces es una de las prioridades para aumentar las posibilidades de retrasar o prevenir el inicio del Deterioro Cognitivo Leve o Ligero (DCL). Desde hace algunos años, diversos investigadores han prestado atención al olfato y a si éste podría tener un papel importante en su detección precoz.

La hiposmia/anosmia, pérdida del sentido del olfato en diferente grado, se ha relacionado tanto con la Enfermedad de Alzheimer (EA) (Tabert et al., 2005) como con la Enfermedad de Parkinson (Doty, 2012) o con la Demencia por Cuerpos de Lewy (McShane et al., 2001). Parece que la disfunción del olfato es un signo sensible de procesos neurodegenerativos aunque poco específico.

Recientemente, el equipo de Petersen ha realizado una investigación publicada en JAMA Neurology, cubriendo algunas limitaciones de investigaciones previas (Sun et al., 2012). Concretamente, esta investigación parte de una muestra de más de mil personas sin problemas cognitivos al inicio del estudio (2004) y que fueron seguidas hasta 2010 con evaluaciones cada 15 meses.

Además de evaluar la muestra de la investigación desde un punto de vista neuropsicológico, también se utilizó una prueba para medir el funcionamiento olfativo –Brief Smell Identification Test (B-SIT) (Dotty, Marcus & Lee, 1996)– consistente en seis olores basados en comida (plátano, e.g.) y seis olores basados en no comida (humo, e.g.). El examinado debe elegir entre cuatro opciones de respuesta. Mejores puntuaciones reflejan mejor funcionamiento olfativo y viceversa.

En el estudio en cuestión (Roberts et al., 2015), de los participantes finales tras pérdida de participantes por fallecimiento o abandono del estudio, 250 casos desarrollaron DCL a los tres años y medio de iniciarse el estudio y de éstos, 64 casos evolucionaron a  demencia. Pues bien, la frecuencia de DCL y de demencia disminuía cuando las puntuaciones en el B-SIT eran más altas, y viceversa. Es más, los autores del estudio revisaron las puntuaciones iniciales de aquellos casos que desarrollaron DCL y demencia y hallaron una relación significativa. Existió una relación directa entre peores puntaciones en todas la medidas neuropsicológicas (lenguaje, memoria, funciones ejecutivas, etc.) y peores puntuaciones en el B-SIT cuando se consideraba a los participantes cognitivamente normales para su edad y años de educación. Las personas que obtuvieron peores puntuaciones en B-SIT tenían una probabilidad 2,2 veces mayor de presentar problemas leves de memoria, y si ya sufrían dichos problemas, eran más proclives a llegar a desarrollar EA.

Los autores concluyen que la medida de B-SIT puede ser una medida potencial de cribado dentro de la evaluación de rutina. ¿Por qué la disfunción olfativa tiene valor predictivo en personas cognitivamente sin alteraciones?

De acuerdo con Albers et al. (2015), la vía olfativa es la vía más directa entre la región entorrinal/hipocampal (estructuras involucradas en la memoria) y el ambiente externo (epitelio olfativo). (Véase Fig. 1).

Fig

A pesar de que todavía hay aspectos desconocidos sobre este tema, sí que se sabe que la acumulación de proteína TAU en el bulbo olfativo y en la corteza entorrinal coincide en el tiempo, incluso podría ocurrir antes en el bulbo olfativo (Christen-Zaech et al., 2003; Kovács, Cairns & Lantos, 2001), así como que existe una mayor cantidad de β amiloide y proteína TAU en el tejido del epitelio olfativo en estudios post mortem de personas con diagnóstico de EA respecto a personas sanas cognitivamente (Arnold et al., 2010). Además se sabe que la acumulación de β amiloide en la corteza entorrinal es una de las características neuropatológicas iniciales de la EA y responsable de los problemas de memoria. De hecho, en una investigación reciente se ha puesto de manifiesto que personas sanas cognitivamente y con peor identificación olfativa presentaban mayor cantidad de β amiloide y una corteza entorrinal con menor grosor (Growdon et al., 2015). Si como se ha comentado anteriormente, la presencia de patología típica de la EA en la corteza entorrinal correlaciona en el tiempo con la presencia también en bulbo olfativo, incluso siendo previa esta última, esto explicaría porqué del inicio precoz de una disfunción en el olfato podría representar una medida precoz incluso antes de que los problemas cognitivos, como el déficit en memoria episódica verbal, estén plenamente desarrollados (Devenand et al., 2015).

 

 

 

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